Un viaje que no fue opcional

Cada Navidad recordamos una historia profundamente humana… y también profundamente administrativa, aunque no siempre se subraye. María y José no viajaron a Belén por turismo, ni por devoción espontánea, ni por capricho: viajaron porque había que censarse.

El Imperio Romano había ordenado un censo general y, como cualquier administración seria de la época, exigía presencia física. Nada de atajos.

Un aviso poco eficiente

Nunca sabremos con precisión cómo se enteraron María y José de que debían desplazarse. Probablemente fue a través de:

  • Un funcionario local.
  • Un edicto colgado en la plaza.
  • Algún mensajero con prisa.

Lo que sí sabemos con certeza es que no recibieron un email certificado. Si lo hubieran recibido, habrían tenido constancia fehaciente de:

  • Qué se les solicitaba.
  • Quién lo solicitaba.
  • En qué momento se les notificó.
  • Dónde y cómo debían realizar el trámite.

Tampoco pudieron censarse a distancia, ya que no existía la firma electrónica, ni la identificación digital ni nada parecido a un consentimiento remoto. Así las cosas había que ir en persona. En otros tiempos, por ejemplo en la actualidad, habrían evitado un viaje largo e incómodo con María en avanzado estado de gestación.

Como tantas veces a lo largo de la historia, la ausencia de herramientas digitales convirtió un trámite administrativo en una odisea logística.

Reyes, pastores y ángeles… todo presencial

Lo mismo ocurrió después.

Los Reyes Magos no recibieron un aviso digital. Hubo que poner nuna estrella en el firmamento para que les avisara y les guiara. Por su parte, los pastores no recibieron ninguna notificación electrónica conforme debían abandonar a sus rebaños para ir a adorar al niño Jesús. Tampoco los ángeles usaron ningún canal electrónico para la anunaciación.

Todo fue presencial, oral y —desde el punto de vista administrativo— absolutamente imposible de acreditar.

La ausencia total de evidencia documental

Aquí aparece el detalle más curioso.

No existe ningún documento administrativo romano —ni papiro, ni tabla de bronce, ni inscripción oficial— que recoja los nombres de María y José como inscritos en aquel censo. No porque no ocurriera. Sino porque no quedó constancia verificable.

Si aquel censo se hubiera realizado hoy:

  • El aviso habría llegado por email certificado.
  • La aceptación se habría formalizado con firma electrónica.
  • El registro habría quedado custodiado como evidencia.

Dos mil años después, ¡alguien podría descargar el certificado y seguiría siendo válido!

Una conclusión sin solemnidad

La Navidad nos recuerda muchas cosas importantes: tradición, encuentro, confianza.

También, sin quererlo, nos recuerda algo muy sencillo: durante siglos la humanidad confió en la memoria, la palabra y la presencia física. Hoy, además, tenemos evidencias electrónicas que nos ayudan a hacer la vida y las relacionaes más… confiables.

Y aunque el nacimiento más famoso de la historia no necesitó un certificado que lo acreditara, muchos trámites cotidianos sí lo agradecen.

Felices Fiestas.


¿Listo para empezar?

Contáctanos para compartir tu proyecto de negocio o regístrate ahora para empezar a probar nuestros servicios hoy